Este nuevo libro de cuentos se publicó el 28 de diciembre del 2009, siempre bajo el sello Ediciones Guolestrít. Con un tiraje de 300 ejemplares. El libro trae 20 cuentos:
Las puertas del cielo. Hormigas bajo mi zapato. Hadas de cuento. Retro. Misión Impasible. No somos una familia virtual. Yo, el 23. Hombres muy hombres. Guachimán. Perdedor promedio. Blade Runner vs. Guardabarranco. ¡Oh, Susan!. Puto. Hasta que el fastidio los separe. Masturbete mortis. Tiempo de morir. El segundo nacimiento de Faustino. La reina fea. El fardo. Espiral.
Del libro, el escritor Henry Petrie publica una reseña aparecida en La Prensa Literaria el 12 de junio del 2010; aquí un fragmento:
" Se caracteriza por la variedad temática, la ridiculización y crítica a los convencionalismos sociales, al fanatismo religioso y a la moralidad hipócrita. Denuncia injusticias, atropellos, estado de guerra y terror con reclutamiento forzoso (Guachimán, P. 28) Sus cuentos se nutren de los conflictos que generan la vida contemporánea, la influencia del desarrollo tecnológico y de los factores globalizantes, como la cinematografía actual, invasora y detonante del oscurantismo y mentalidades violentas."
Portada del libro.
21 x 14 cms. 82 páginas.
YO, EL 23
El obeso ubicado en la punta de la fila
menea un poco su timba, se le bambolean los colgajos del cogote. Las nalgas
peludas celulíticas, rosadas con parches rojizos, paños blancos sobre la
espalda, prominente hernia umbilical, cabeza de pelo negro, atestada de caspa,
pectorales afeminados.
— ¡el número 18!
— ¡una libra de posta de pierna, dos de lomo.
Sigue la mujer
bajita, blanca, vieja, senos caídos, lunares grisáceos con pelos gruesos
prendidos, cual garrapatas, a la nuca robusta. El vello púbico negro y con
canas se le extiende hasta la ingle, papada arrugada, axilas afeitadas, voz
chillona, aliento cochambroso.
— ¡el 19!
— ¡aquí…dos libras de molida especial!
Un hombre
asoma su perfil, testa de cuervo, rasurada, cuello de camello, pecho flaco y
plano, la palidez del torso se extiende hasta la altura de los antebrazos, de
ahí en adelante todo es moreno falso quemado por el sol. Los testículos le
cuelgan pegados a la entrepierna, el pene encogido blancuzco, prepucio color
violeta escondido entre el pelambre genital lustroso de grasa. Largas y sucias
uñas de los pies, corvas huesudas, vellos irregularmente dispersos por toda su
anatomía.
— ¡siguiente!
— ¡libra y
media de hígado!
Mujer preñada
apretando las nalgas hundidas para ahogar una imprudente flatulencia. Piernas
de rodillas juntas y pantorrillas apartadas, un degradado del morado al blanco
viniendo de los pies y terminando en la vulva soplada; la barriga estirada y
brillante inundada de venas violáceas, sobre el tope de la redondez ya se
montan las tetas henchidas, pezones grandes y oscuros, un cuello más oscuro que
el pecho sostiene la cabeza de párpados prominentes, bolsas bajo los ojos, boca
afligida.
—
¡veintiuuuuno…!
—
¡aquí… deme la ubre!
Arrima un ente
arrogante, calvo con cara de licenciado, presume con su obesidad exagerada,
casi totalmente desprovisto de glúteos, escroto mínimo, pene insignificante.
Muslos gruesos como de rinoceronte, rodillas manchadas, codos pellejosos,
pantorrillas arqueadas hacia atrás, pelos que asoman de las orejas, ojos
enrojecidos de batracio, boca pequeña similar a un ano con labios. Despliega su
sonrisa académica para saludar a alguien y deja ver unos dientes oblicuos
similares a los de un roedor.
— ¡a
ver…usted tiene el 22! ¿Cierto?
—Dame sesos,
tres libras…
Mujer joven,
senos levantados y pequeños, nalgas carnosas un tanto caídas, cadera ancha de
hembra reproductora, pelo negro recogido detrás de la nuca, pintados los
labios, el rostro repellado de tanto maquillaje, collares, aretes, pulseras,
coño totalmente afeitado, igual los sobacos, se agacha a recoger una moneda y
enseña el esfínter rojo rodeado de pequeñas espinillas, exhibe su herpes
genital. Uñas pintadas, carnes firmes.
— ¡usted señor, páseme su ficha! ¿Qué numero tiene?
— ¡pues el último de la jornada! ¿Qué, no ve?
Mi turno:
hombre alto, anatomía claramente propensa a enfermedades cancerosas. Barriga
soplada, brazos y piernas claras, verrugas en la espalda, mezquinos en la parte
posterior de las piernas, escaso de pelos, nalgas esmirriadas, genitales encogidos
del miedo. Primera cuchillada en el antebrazo, brota la sangre salpicándome el
rostro aterrorizado, la primera rebanada de mi fibra cae entre la gran bandeja,
se mezcla con otras carnes, con otras sangres, con otras pieles ya inertes, con
otros miedos ya perdidos, tragados por la cinta metálica rotatoria que huele a
olvido. Siguen con mi destace, desfilará mi cabeza con la boca abierta, ya sin
globos oculares colgará ensartada del gancho de hierro al lado de las
anteriores, sacudiéndose lentamente será trasportada al descampado, será
devorada por las bandadas de encorbatados buitres carroñeros que, acechantes
desde los rascacielos de concreto, custodian eternamente la entrada al paraíso.
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