Ediciones Guolestrít es resultado de un proceso de varios años que inició en la década de los 80 cuando el bloqueo económico de los gringos a Nicaragua estaba en "lo fino". En este espacio publicaremos por entregas partes de un artículo titulado "Mimeografiando y fotocopiando, crónica de algunas publicaciones leonesas, artesanales, entre julio de 1986 y enero de 1998". Aquí la primera entrega:
Los antecedentes de EDICIONES GUOLESTRÍT se
remontan a mediados de los años 80, en la ciudad de León, cuando aún se hacían
tirajes con mimeógrafo y las máquinas fotocopiadoras eran objetos raros y
novedosos en la ciudad.
En esos años las posibilidades de difusión de
una publicación cultural local eran bastante escasas, más si estas
publicaciones eran modestas, artesanales, hechas por un pequeño grupo de amigos
sin más propósito que expresar e intercambiar ideas sobre determinados temas
con otras personas interesadas. En los
archivos de Ediciones Guolestrít guardamos algunos ejemplares de esas publicaciones,
esos sobrevivientes están amarillentos, carcomidos por la humedad, a otros se
los llevó la lluvia de arena del Cerro Negro en 1991 o el huracán MITCH de
1998. Conservarlos no ha sido tarea fácil, pero sí necesaria porque detrás de
cada palabra escrita, de cada página impresa, de cada ejemplar repartido, había
un grupo de entusiastas convencidos de la justeza y la necesidad de mantener
vivos estos espacios de libre expresión. Esos mismos entusiastas participábamos
en todo el proceso de edición, desde la escritura, discusión y selección de contenidos, revisiones ortográficas,
selección de imágenes, impresión manual de los ejemplares, hasta la
distribución a pie, en bicicleta, por correo postal, o simplemente mano a mano
de los impresos. Igual sucedía con las colaboraciones recibidas, había que
reunirse a leerlas, seleccionarlas, pasarlas a máquina, diagramarlas, hacer
corrección de textos, todo a mano, todo voluntario, todo con la idea
persistente, casi febril, de intercambiar ideas, expresiones, sentimientos.
Hoy algunos de esos editorialistas ya no están
entre nosotros, se los ha llevado el tiempo, al igual que las páginas
amarillentas de las publicaciones que ayudaron a construir. Con otros de
ellos/as nos vemos de vez en cuando, cada quien metido en lo suyo, más
viejos/as, con una que otra inevitable enfermedad crónica, ya sin pelo o con
abundantes canas, con hijos e hijas ya grandes, con nietos y nietas, a veces
recordamos brevemente los tiempos compartidos.
La era digital nos llegó muy tarde por lo cual, posiblemente todo este
esfuerzo colectivo se irá diluyendo en el olvido. Claro, alguien dirá “bueno se
pueden escanear las páginas y ponerlas en línea”, más que una posibilidad es, en
realidad, la única opción posible; sin embargo para la gente de esa generación
de los años 80 y parte del 90 e incluso para otros más jóvenes, no hay manera
de recuperar uno de los componentes esenciales de estas publicaciones como es
su corporeidad, sus encuadernados artesanales, sus fallas de impresión; en
ocasiones por ejemplo el tipo y color de papel variaba de un ejemplar al otro
pues esto dependía enteramente de la disponibilidad de materiales en el
momento, o de los vericuetos que teníamos que hacer para reunir el papel
suficiente para completar un tiraje. Así que la presencia física de cada
ejemplar de estos tiene su historia muy particular. Más si tenemos en cuenta
que los tirajes no pasaban de 100 ejemplares, a veces menos, aunque en
excepcionales y muy afortunadas ocasiones logramos tirajes de 300 copias. De
ninguna de estas publicaciones ha quedado copia en ninguna biblioteca o centro
de documentación adentro o fuera de Nicaragua, tal vez sólo en algunas
bibliotecas personales. Además hay escasos registros fotográficos de esos
grupos de gente, de esos momentos de trabajo; ni siquiera existían las cámaras
digitales, además obtener una foto impresa era un proceso complicado y caro.
Para nosotros era suficiente tener en las manos el boletín impreso, la revista,
el ejemplar caliente, aun oloroso a tinta, producto de un proceso y esfuerzo
voluntario colectivo.

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