domingo, 22 de marzo de 2015

MIMEOGRAFEANDO Y FOTOCOPIANDO, ANOTACIONES SOBRE ALGUNAS PUBLICACIONES LEONESAS , ARTESANALES, ENTRE JULIO DE 1986 Y ENERO DE 1998:LA REVISTA PERFIL


2. REVISTA PERFIL:


Portada de PERFIL nùmero 1, publicada para Julio-Septiembre de 1986.

A mediados de 1986, surge en León la revista PERFIL, publicación realizada por el grupo del mismo nombre, todos estudiantes de la UNAN: Juan Centeno (director de la publicación), Marianella Corriols, Omar Avilés. Contaban en ese entonces con el apoyo de la Asociación de Trabajadores Docentes y de la Rectoría del centro estudios.  Para el número Julio-Agosto-Septiembre de 1986, Juan Centeno me invitó a colaborar con ilustraciones y me propuso elaborar una especie de logotipo para el nombre de la publicación y el diseño de la portada misma. 
El logotipo fue dibujado a mano, pues en esa época, no teníamos computadoras y mucho menos programas como el Adobe Photoshop, Illustrator, In Design, ni siquiera el Word. Las letras grandes utilizadas en la portada fueron hechas con plantillas plásticas y rapidógrafo; había que diseñar además pensando en que todos los elementos del diseño no tuvieran amplias áreas en negro, había que priorizar ilustraciones con predominio de líneas y fotos con alto contraste que fueran leídas fácilmente por el ojo electrónico del mimeógrafo de la universidad (era un verdadero privilegio en esos años tener acceso a un quemador electrónico de esténciles). Eran tiempos del bloqueo gringo, las fotocopias eran artículo de lujo, la opción más práctica y económica de hacer reproducciones impresas era a través de los mimeógrafos, utilizando el “quemado” de esténciles para obtener una matriz que se reproducía, casi siempre manualmente, cuidando que cada página impresa saliera limpia, sin manchones de tinta, sin que se arrugara el papel, sobre todo teniendo en cuenta que los textos eran escritos con máquina de escribir y, si el esténcil estaba mal “quemado” o  la tinta no estaba distribuida uniformemente, entonces se corría el riesgo de que salieran mal impresos o borrosos, versos, palabras, párrafos o las ilustraciones; a veces había que corregir directamente a mano sobre el esténcil alguna imperfección que obstaculizara demasiado la lectura. Sin embargo  PERFIL  se publicaba, se distribuía y se nutría de las opiniones y colaboraciones de estudiantes, docentes de la universidad, pero también de artistas, escritores, promotores de cultura y ciudadanos/as interesados/as o apasionados/as por la literatura. En este número de Julio-Agosto-Septiembre/86 al que me refiero, se publican trabajos de Edgar Sarria Y., Mario José Salinas, Jorge Eduardo Argüello, Omar Avilés Páez, Pablo Centeno Gómez, Giovanny Roa, Valerio Hernández, Juan Centeno, Teresa Rivera, Fernando J. Benavente, Jesús Puertas, Marianela Corriols y Guillermo Vilar.


“Presentación
Abro los ojos en esta parte del año y me siento ya amplio tallo. De escritores seré rama, donde cada hoja sea puente necesario de sensación sellada. Sombra fresca. Reunión pertinaz. Soy PERFIL, revista literaria para todos, nacida en los mimeógrafos  de la Universidad, PERFIL no por ocultar un rasgo definido, sino como manifestación ansiada de llegar respirando aun con la fuerza de un último poema. Puerta abierta para el producto de noches y amaneceres, para que penetre el viento libre que permite el vuelo al pensamiento. PERFIL multifacético mientras sea lucha para el abrazo de hombre y libertad.
Soy la revista literaria de los poetas
Del frente
Y de PERFIL… “

Alrededor de PERFIL, al igual que de otras publicaciones de la época, había un mundo particular, con encuentros, amores, desamores, farras, tertulias con lecturas en voz alta, guitarras, danzas, discursos. Los impresos como PERFIL servían para animar estos encuentros, tal vez por eso, a los ejemplares recién salidos del mimeógrafo, los cuidábamos casi como un recién nacido, admirándolos, procurando no mancharlos con las manos embadurnadas de tinta fresca. Era pues un triunfo colectivo del derecho a la libre expresión sobre el silencio, sobre la falta eterna de presupuestos y, también sobre la indiferencia de las élites “cultas” que sólo tenían ojos, elogios, reseñas “especializadas” o ensayos “profundos” sobre sí mismas, en un acto de eminente arrogancia y narcicismo centralista y centralizado. Aún así, dentro de nuestro ingenuo entusiasmo provinciano aguardábamos que, cualquier sábado y de repente, alguno de los suplementos literarios de la capital se dignara publicar aunque fuera una minúscula reseña de nuestro esfuerzo.

ANTECEDENTES DE EDICIONES GUOLESTRÍT

Ediciones Guolestrít es resultado de un proceso de varios años que inició en la década de los 80 cuando el bloqueo económico de los gringos a Nicaragua estaba en "lo fino". En este espacio publicaremos por entregas partes de un artículo titulado "Mimeografiando y fotocopiando, crónica de algunas publicaciones leonesas, artesanales, entre julio de 1986 y enero de 1998". Aquí la primera entrega:




Los antecedentes de EDICIONES GUOLESTRÍT se remontan a mediados de los años 80, en la ciudad de León, cuando aún se hacían tirajes con mimeógrafo y las máquinas fotocopiadoras eran objetos raros y novedosos en la ciudad.

En esos años las posibilidades de difusión de una publicación cultural local eran bastante escasas, más si estas publicaciones eran modestas, artesanales, hechas por un pequeño grupo de amigos sin más propósito que expresar e intercambiar ideas sobre determinados temas con otras personas interesadas. En los archivos de Ediciones Guolestrít guardamos algunos ejemplares de esas publicaciones, esos sobrevivientes están amarillentos, carcomidos por la humedad, a otros se los llevó la lluvia de arena del Cerro Negro en 1991 o el huracán MITCH de 1998. Conservarlos no ha sido tarea fácil, pero sí necesaria porque detrás de cada palabra escrita, de cada página impresa, de cada ejemplar repartido, había un grupo de entusiastas convencidos de la justeza y la necesidad de mantener vivos estos espacios de libre expresión. Esos mismos entusiastas participábamos en todo el proceso de edición, desde la escritura, discusión y selección  de contenidos, revisiones ortográficas, selección de imágenes, impresión manual de los ejemplares, hasta la distribución a pie, en bicicleta, por correo postal, o simplemente mano a mano de los impresos. Igual sucedía con las colaboraciones recibidas, había que reunirse a leerlas, seleccionarlas, pasarlas a máquina, diagramarlas, hacer corrección de textos, todo a mano, todo voluntario, todo con la idea persistente, casi febril, de intercambiar ideas, expresiones, sentimientos.


Hoy algunos de esos editorialistas ya no están entre nosotros, se los ha llevado el tiempo, al igual que las páginas amarillentas de las publicaciones que ayudaron a construir. Con otros de ellos/as nos vemos de vez en cuando, cada quien metido en lo suyo, más viejos/as, con una que otra inevitable enfermedad crónica, ya sin pelo o con abundantes canas, con hijos e hijas ya grandes, con nietos y nietas, a veces recordamos brevemente los tiempos compartidos.  La era digital nos llegó muy tarde por lo cual, posiblemente todo este esfuerzo colectivo se irá diluyendo en el olvido. Claro, alguien dirá “bueno se pueden escanear las páginas y ponerlas en línea”, más que una posibilidad es, en realidad, la única opción posible; sin embargo para la gente de esa generación de los años 80 y parte del 90 e incluso para otros más jóvenes, no hay manera de recuperar uno de los componentes esenciales de estas publicaciones como es su corporeidad, sus encuadernados artesanales, sus fallas de impresión; en ocasiones por ejemplo el tipo y color de papel variaba de un ejemplar al otro pues esto dependía enteramente de la disponibilidad de materiales en el momento, o de los vericuetos que teníamos que hacer para reunir el papel suficiente para completar un tiraje. Así que la presencia física de cada ejemplar de estos tiene su historia muy particular. Más si tenemos en cuenta que los tirajes no pasaban de 100 ejemplares, a veces menos, aunque en excepcionales y muy afortunadas ocasiones logramos tirajes de 300 copias. De ninguna de estas publicaciones ha quedado copia en ninguna biblioteca o centro de documentación adentro o fuera de Nicaragua, tal vez sólo en algunas bibliotecas personales. Además hay escasos registros fotográficos de esos grupos de gente, de esos momentos de trabajo; ni siquiera existían las cámaras digitales, además obtener una foto impresa era un proceso complicado y caro. Para nosotros era suficiente tener en las manos el boletín impreso, la revista, el ejemplar caliente, aun oloroso a tinta, producto de un proceso y esfuerzo voluntario colectivo.

Foto: El primer sello de Hediciones Guolestrít: 
grabado en linóleo sobre papel teñido a mano,
 se hizo para la revista "Las vacas paganas".