Portada de PERFIL nùmero 1, publicada para Julio-Septiembre de 1986.
A mediados
de 1986, surge en León la revista PERFIL, publicación realizada por el grupo
del mismo nombre, todos estudiantes de la UNAN: Juan Centeno (director de la
publicación), Marianella Corriols, Omar Avilés. Contaban en ese entonces con el
apoyo de la Asociación de Trabajadores Docentes y de la Rectoría del centro
estudios. Para el número
Julio-Agosto-Septiembre de 1986, Juan Centeno me invitó a colaborar con
ilustraciones y me propuso elaborar una especie de logotipo para el nombre de
la publicación y el diseño de la portada misma.
El logotipo fue dibujado a
mano, pues en esa época, no teníamos computadoras y mucho menos programas como
el Adobe Photoshop, Illustrator, In Design, ni siquiera el Word. Las letras grandes utilizadas en
la portada fueron hechas con plantillas plásticas y rapidógrafo; había que
diseñar además pensando en que todos los elementos del diseño no tuvieran
amplias áreas en negro, había que priorizar ilustraciones con predominio de
líneas y fotos con alto contraste que fueran leídas fácilmente por el ojo
electrónico del mimeógrafo de la universidad (era un verdadero privilegio en
esos años tener acceso a un quemador electrónico de esténciles). Eran tiempos del bloqueo gringo, las fotocopias eran
artículo de lujo, la opción más práctica y económica de hacer reproducciones
impresas era a través de los mimeógrafos, utilizando el “quemado” de esténciles para obtener una matriz que se
reproducía, casi siempre manualmente, cuidando que cada página impresa saliera
limpia, sin manchones de tinta, sin que se arrugara el papel, sobre todo
teniendo en cuenta que los textos eran escritos con máquina de escribir y, si
el esténcil estaba mal “quemado”
o la tinta no estaba distribuida
uniformemente, entonces se corría el riesgo de que salieran mal impresos o
borrosos, versos, palabras, párrafos o las ilustraciones; a veces había que corregir
directamente a mano sobre el esténcil alguna imperfección que obstaculizara
demasiado la lectura. Sin embargo
PERFIL se publicaba, se
distribuía y se nutría de las opiniones y colaboraciones de estudiantes,
docentes de la universidad, pero también de artistas, escritores, promotores de
cultura y ciudadanos/as interesados/as o apasionados/as por la literatura. En
este número de Julio-Agosto-Septiembre/86 al que me refiero, se publican
trabajos de Edgar Sarria Y., Mario José Salinas, Jorge Eduardo Argüello, Omar
Avilés Páez, Pablo Centeno Gómez, Giovanny Roa, Valerio Hernández, Juan
Centeno, Teresa Rivera, Fernando J. Benavente, Jesús Puertas, Marianela
Corriols y Guillermo Vilar.
“Presentación
Abro los ojos en esta parte del año y me siento
ya amplio tallo. De escritores seré rama, donde cada hoja sea puente necesario
de sensación sellada. Sombra fresca. Reunión pertinaz. Soy PERFIL, revista
literaria para todos, nacida en los mimeógrafos
de la Universidad, PERFIL no por ocultar un rasgo definido, sino como
manifestación ansiada de llegar respirando aun con la fuerza de un último
poema. Puerta abierta para el producto de noches y amaneceres, para que penetre
el viento libre que permite el vuelo al pensamiento. PERFIL multifacético
mientras sea lucha para el abrazo de hombre y libertad.
Soy
la revista literaria de los poetas
Del
frente
Y de PERFIL… “
Alrededor
de PERFIL, al igual que de otras publicaciones de la época, había un mundo
particular, con encuentros, amores, desamores, farras, tertulias con lecturas
en voz alta, guitarras, danzas, discursos. Los impresos como PERFIL servían
para animar estos encuentros, tal vez por eso, a los ejemplares recién salidos
del mimeógrafo, los cuidábamos casi como un recién nacido, admirándolos,
procurando no mancharlos con las manos embadurnadas de tinta fresca. Era pues un
triunfo colectivo del derecho a la libre expresión sobre el silencio, sobre la
falta eterna de presupuestos y, también sobre la indiferencia de las élites
“cultas” que sólo tenían ojos, elogios, reseñas “especializadas” o ensayos
“profundos” sobre sí mismas, en un acto de eminente arrogancia y narcicismo
centralista y centralizado. Aún así, dentro de nuestro ingenuo entusiasmo
provinciano aguardábamos que, cualquier sábado y de repente, alguno de los
suplementos literarios de la capital se dignara publicar aunque fuera una
minúscula reseña de nuestro esfuerzo.

